“Los Negros” , como los apodamos instintivamente en mi familia desde que los vimos por primera vez. Ese día se mudaron frente a mi casa.Como todas las personas de piel sombreada, siempre se caracterizaron por tener la alegría y la juerga como plan de vida. La familia de los negros estaba constituida por el negro mayor, que era el padre, la negra madre, --que se distinguía por tener el pelo rubio-- las negras hijas y los negros hijos. Cada par de hijos eran mellizos. Las negras eran gorditas y los hermanos eran flaquitos. Parecían una familia común y corriente cuando llegaron, hasta que a la semana de instalados llegó el décimo quinto cumpleaños de las gorditas, Miriam y Milagros. Esa noche su padre tiró la casa por la ventana y también los invitados tiraron de todo, porque a eso de las 4 de la mañana se armó el despelote a punta de botellazos que hasta la policía tuvo que participar del quinceañero.
Parecía que ese había sido un caso aislado y que nunca más nos volverían a hinchar las pelotas con esa clase de espectáculos propios de callejón de un solo caño. Pero nos equivocamos.
El jefe de la familia era un perfecto degenerado. “King Kong” --apodado así más adelante por sus 200 kilos de sobrepeso-- era un negro erótico y conchudo, tenía mujeres e hijos no reconocidos por toda la capital, alrededores y balnearios, lo más gracioso era que se estacionaba en la puerta de su casa a lucirse con sus amantes. A raíz de los actos temerarios del señor, su mujer no aguantó más la humillación y lo esperó con un par de ladrillos en la puerta. El primer ladrillo salió disparado directamente hacia el parabrisas, haciéndolo añicos instantáneamente. Como era de esperarse el primer proyectil causo un efecto inmediato en el negro, que en menos de lo que cantó el segundo ladrillazo --que iba directo a destrozarle la bemba-– puso retroceso y voló con destino desconocido. Claro que a los dos días que apareció le calló una tunda formidable. Ese tipo de situaciones maritales solo finalizaron con la muerte natural de “Kong”. Q.P.D.
Pasó el tiempo y las negras empezaron a tener muchos pretendientes. Que se caracterizaban por tener un nivel muy elevado -–paraban volando todo el santo día-- y vivían en zonas súper cotizadas por su valor comercial (Huascarán, Renovación, etc.)
Nunca me voy a olvidar de uno apodado “El Gato”; el pata era rubio natural, pero con un par de chuzos que le adornaban la cara. le decían así por su habilidad de escalar muros como el mejor felino conocido. Una vez salí por la ventana y lo veo trepándose por la ventana de las negras, con una naturalidad increíble. ¡Era todo un profesional!
Pero el acontecimiento que marcó mis más oscuros recuerdos enbetunados por mis vecinos. Fue en el cumpleaños de Miriam, una de las hermanas. Faltaban diez minutos para que den las doce. Mis amigos y yo, estábamos parados en la puerta de la casa del conocidísimo Gallo Cavacho -–que se ubica dos casas más allá--. Cuando de pronto vemos dos sombras que salen como alma que lleva el diablo y tras ellos toda la familia haciendo barra. El hermano y el enamorado de Miriam, habían salido CALATOS a hacer una carrera dando una vuelta a la manzana, debido a una apuesta que habían hecho inducidos por el alcohol. El ganador se llevaba una caja de “chelas”.
Volteamos y vemos al negro corriendo a una velocidad impresionante. “miren como la tiene el negro” dijeron sorprendidos por ahí. ¡Efectivamente al negro le llegaba hasta la rodilla!
Cuando pasó por nuestro costado solo nos quedó aplaudirlo y hacerle barra. ¡Por que el negrito se lo merecía!
